El
extraño resplandor que precede a algunos sismos
Durante un terremoto nocturno, el cielo puede iluminarse de manera
repentina. Destellos azules, verdes o blancos surgen sobre la ciudad;
resplandores semejantes a relámpagos aparecen cerca del horizonte y
bolas luminosas parecen flotar durante algunos segundos. Quienes los
observan tienen la impresión de que la tierra ha enviado luz hacia el
cielo.
En muchas grabaciones modernas, la explicación se encuentra sobre las
calles: transformadores dañados, cables que chocan, cortocircuitos y
arcos eléctricos producidos por el movimiento sísmico.
Pero no todos los testimonios resultan tan fáciles de clasificar.
Desde hace siglos se describen luminiscencias antes, durante o
inmediatamente después de determinados terremotos. Algunas aparecieron
en regiones sin redes eléctricas. Otras fueron observadas a cierta
distancia de las ciudades, fotografiadas o relacionadas con prolongadas
secuencias sísmicas.
Estos fenómenos reciben el nombre de luces de terremoto, o EQL por la
expresión inglesa earthquake lights.
Su existencia continúa siendo discutida. Algunos geofísicos
consideran que una parte de los informes representa fenómenos físicos
auténticamente vinculados con la tensión y fractura de las rocas. Otros
señalan que la evidencia es irregular y que muchos casos pueden
explicarse mediante tormentas, meteoros, auroras, incendios, polvo,
explosiones o daños en infraestructuras eléctricas.
La cuestión no consiste en decidir si “las luces existen” como una
categoría única. Consiste en determinar cuáles observaciones son
confiables, qué mecanismos podrían producirlas y si fenómenos
visualmente semejantes poseen causas diferentes.
La Tierra puede iluminarse cuando se rompe. Lo difícil es distinguir
su resplandor del que nosotros proyectamos sobre ella.
Un nombre para muchas
luces
El Servicio Geológico de Estados Unidos define las luces de terremoto
como fenómenos luminosos —relámpagos difusos, bolas de luz, haces,
llamas o resplandores persistentes— informados en asociación temporal
con sismos. También advierte que los especialistas discrepan acerca de
cuántos testimonios representan realmente un fenómeno geofísico y
cuántos se deben a otras causas.
La expresión agrupa manifestaciones muy diferentes:
-
resplandores difusos en el cielo;
-
columnas o haces verticales;
-
llamas aparentes cerca del suelo;
-
destellos semejantes a relámpagos;
-
globos luminosos;
-
franjas de luz sobre montañas;
-
parpadeos azules o verdes en áreas urbanas.
No existe garantía de que todas compartan un mismo origen. “Luz de
terremoto” puede ser una categoría descriptiva antes que una entidad
física única.
El momento también varía. Algunas luces se notifican segundos o
minutos antes del movimiento; otras, horas o incluso días antes; muchas
aparecen durante el sismo, y unas pocas son descritas después.
Cuanto mayor es la distancia temporal, más difícil resulta establecer
una relación. Si una luz aparece varias semanas antes de un terremoto,
¿es un precursor o una coincidencia? Para responder se necesitaría
conocer cuántas luces semejantes ocurren cuando no sobreviene ningún
sismo.
Los casos recordados suelen ser aquellos en los que la coincidencia
se cumplió. Las noches luminosas sin terremoto rara vez ingresan en los
archivos.
Crónicas
antiguas y problemas modernos
Relatos históricos de terremotos mencionan cielos enrojecidos,
llamas, globos y resplandores. Catálogos compilados durante los siglos
XIX y XX reunieron testimonios procedentes de China, Japón, Europa y
América.
Estos documentos poseen valor, pero presentan dificultades. El
vocabulario anterior a la ciencia atmosférica moderna no distingue
siempre entre aurora, meteorito, relámpago, incendio y luminiscencia
sísmica. Las fechas pueden ser imprecisas y los relatos haber sido
copiados o embellecidos.
Además, un gran terremoto produce numerosos efectos luminosos
secundarios. Las lámparas caen, los edificios se incendian, el polvo
refleja luz, las instalaciones industriales explotan y las líneas
eléctricas se rompen. Un cronista puede describir correctamente un cielo
iluminado sin que la fuente proceda de las rocas.
Por esta razón, los casos históricos deben evaluarse mediante varios
criterios:
-
proximidad temporal y geográfica;
-
independencia de los testigos;
-
condiciones meteorológicas;
-
existencia de redes eléctricas;
-
descripción de color, duración y movimiento;
-
posición respecto de la falla;
-
presencia de fotografías o registros instrumentales.
La abundancia de testimonios no elimina la necesidad de
clasificarlos.
Matsushiro:
una prolongada secuencia japonesa
Entre 1965 y 1967, la región de Matsushiro, en Japón, experimentó una
intensa secuencia de terremotos. Durante ese período se informaron
numerosos fenómenos luminosos.
Algunas observaciones fueron fotografiadas y estudiadas por
investigadores japoneses. Las luces aparecían como resplandores, formas
semejantes a llamas y luminiscencias sobre zonas montañosas. Debido a la
duración de la secuencia, fue posible observar repetidamente el fenómeno
en lugar de depender de un único acontecimiento inesperado.
Matsushiro se convirtió en uno de los casos más citados porque
combinó actividad sísmica prolongada, observadores atentos y
documentación visual.
Sin embargo, incluso allí resulta difícil establecer un mecanismo
exclusivo. La región presentaba complejidad geológica, circulación de
fluidos y múltiples fuentes potenciales de emisiones eléctricas. Las
fotografías demuestran que algo luminoso fue registrado; no determinan
automáticamente cómo se produjo.
Un caso puede ser fuerte como observación y continuar abierto como
explicación.
Saguenay y los
informes bien delimitados
En noviembre de 1988, un terremoto de magnitud 5,9 afectó la región
de Saguenay, Quebec. Se recopilaron testimonios de luces observadas
antes y durante la actividad sísmica.
Algunos informes describían resplandores, bolas luminosas y efectos
semejantes a auroras. France St-Laurent analizó posteriormente los
relatos y su distribución temporal.
El caso resultó interesante porque el sismo ocurrió dentro de una
región continental y estuvo precedido y seguido por actividad menor.
Permitió comparar localidades, horarios y tipos de luminiscencia.
Pero los testimonios continuaban dependiendo en gran medida de
recuerdos y cuestionarios retrospectivos. Después de un terremoto, las
personas revisan mentalmente acontecimientos previos y conceden nuevo
significado a cualquier anomalía. Una luz que inicialmente parecía
insignificante puede convertirse en presagio.
La memoria retrospectiva es valiosa, pero debe distinguirse de un
registro producido antes del acontecimiento.
Pisco y la era de las
cámaras
El terremoto de Pisco, ocurrido en Perú el 15 de agosto de 2007, fue
acompañado por grabaciones de destellos y resplandores. La existencia de
video permitió estudiar colores, duración y sincronización con el
movimiento.
Algunos investigadores consideraron que determinadas imágenes podían
corresponder a fenómenos sísmicos. Otros señalaron que las luces urbanas
podían proceder de la red eléctrica.
Las cámaras no resolvieron el problema; lo transformaron.
Una grabación elimina ciertas dudas acerca de si la luz fue vista,
pero introduce otras: posición de la cámara, saturación del sensor,
reflejos, compresión digital, fuentes fuera del encuadre y ausencia de
información sobre instalaciones eléctricas.
El video constituye evidencia de luminosidad, no necesariamente de su
causa geológica.
En la actualidad, cada terremoto urbano importante produce una
avalancha de grabaciones. Los destellos azul verdosos generados por
arcos eléctricos son espectaculares y se difunden rápidamente bajo
títulos como “misteriosas luces sísmicas”. La repetición mediática
termina convirtiendo una interpretación prematura en hecho aparente.
La primera pregunta debería ser siempre si la luz coincide con fallos
en la red.
Transformadores y
arcos eléctricos
Cuando el suelo se mueve, los cables pueden tocarse, los aisladores
romperse y los equipos de distribución sufrir cortocircuitos. El aire
ionizado alrededor de una descarga produce un resplandor intenso,
frecuentemente azul, verde o blanco.
Desde una posición lejana, varios fallos sucesivos pueden parecer
relámpagos procedentes del horizonte. El movimiento del suelo y la
pérdida de suministro ofrecen una relación temporal inmediata.
Estas luces son reales y están relacionadas con el terremoto, pero no
constituyen un precursor geológico. Son consecuencias del daño producido
por el sismo.
La diferencia es crucial. Si un destello aparece después de iniciarse
el movimiento y en una zona urbanizada, la infraestructura eléctrica
representa una explicación prioritaria. Para proponer otra causa deben
descartarse líneas, subestaciones, transformadores, incendios y
explosiones.
El USGS advierte expresamente que algunos informes de luces sísmicas
resultaron ser arcos eléctricos generados por líneas en movimiento.
No todo lo que ilumina un terremoto nace dentro de la Tierra.
Fractoluminiscencia
y triboluminiscencia
Ciertos materiales emiten luz cuando se rompen, frotan o deforman. La
triboluminiscencia puede observarse incluso al triturar determinados
cristales o separar superficies adhesivas en condiciones adecuadas.
La fractura rompe enlaces, separa cargas y puede generar descargas
eléctricas. Por ello se ha propuesto que la trituración de grandes
volúmenes de roca durante un terremoto produzca luminiscencia.
El mecanismo es físicamente real en escala experimental. La
dificultad consiste en trasladarlo a la escala geológica. La mayor parte
de la ruptura sísmica ocurre a kilómetros de profundidad, donde la luz
no puede atravesar la roca hasta la superficie.
Para explicar resplandores atmosféricos sería necesario que las
cargas, gases o campos eléctricos generados en profundidad llegaran de
alguna forma al aire. La simple existencia de triboluminiscencia en
laboratorio no demuestra que produzca las luces observadas sobre una
falla.
Una explicación puede ser posible sin estar todavía demostrada.
El cuarzo y la
hipótesis piezoeléctrica
El cuarzo posee propiedades piezoeléctricas: bajo presión,
determinados cristales pueden desarrollar una separación de cargas.
Debido a la presencia de cuarzo en muchas rocas, se ha sugerido que la
tensión tectónica podría generar campos eléctricos capaces de producir
luz.
La idea es atractiva, pero presenta limitaciones. En una roca, los
cristales poseen orientaciones diversas y sus efectos pueden cancelarse.
También es necesario explicar cómo se acumularía y desplazaría
suficiente carga a través de grandes volúmenes.
La palabra “piezoelectricidad” aparece con frecuencia como
explicación completa, cuando en realidad designa un mecanismo parcial
cuya relevancia en condiciones sísmicas naturales continúa
discutida.
Mencionar un proceso físico conocido no basta. Debe demostrarse que
opera con intensidad suficiente, en el lugar adecuado y durante el
tiempo observado.
Los “huecos
positivos”
Friedemann Freund y otros investigadores propusieron un mecanismo
basado en defectos presentes en minerales de determinadas rocas.
Según esta hipótesis, la tensión mecánica rompe enlaces asociados con
grupos peróxido y activa portadores de carga denominados positive
holes o huecos positivos. Estas cargas podrían desplazarse a través
de la roca hacia la superficie, alterar el campo eléctrico local,
ionizar el aire y generar descargas o luminiscencias.
Experimentos de laboratorio mostraron corrientes eléctricas en rocas
sometidas a esfuerzos. El modelo intenta explicar no sólo luces, sino
otras señales electromagnéticas notificadas antes de sismos.
La hipótesis es físicamente elaborada y ha producido estudios
experimentales. No obstante, su aplicación directa a terremotos reales
continúa siendo objeto de debate. Persisten preguntas sobre la distancia
que pueden recorrer las cargas, su densidad, la geometría de las fallas
y la energía necesaria para producir fenómenos visibles.
Un trabajo publicado en Scientific Reports examinó
mecanismos eléctricos relacionados con fenómenos sismo-electromagnéticos
y descargas de corona, mostrando que el problema continúa abierto y
requiere modelos cuantitativos, no sólo analogías.
Radón, ionización y
atmósfera
Antes de ciertos terremotos se han investigado variaciones en la
emisión de radón, un gas radiactivo que puede liberarse desde suelos y
rocas fracturadas. Se ha propuesto que su presencia ionice el aire y
contribuya a fenómenos eléctricos.
La relación entre radón y actividad sísmica es compleja. Las
concentraciones dependen de geología, presión atmosférica, humedad, agua
subterránea y ventilación. Algunas anomalías precedieron a sismos; otras
ocurrieron sin que hubiera terremotos.
La ionización atmosférica también puede relacionarse con tormentas,
aerosoles, campos eléctricos y otras condiciones.
Ninguna variable aislada ha demostrado capacidad consistente para
predecir terremotos.
La Tierra es un sistema ruidoso. Detectar una anomalía no significa
saber qué acontecimiento la producirá.
Rift,
fallas verticales y migración de cargas
En 2014, Robert Thériault, France St-Laurent, Friedemann Freund y
John Derr analizaron 65 terremotos asociados con informes luminosos.
Observaron que una proporción importante estaba vinculada con ambientes
de rift o fallas de fuerte inclinación, pese a que dichos entornos
representan una fracción menor de la actividad sísmica global.
Los autores sugirieron que ciertas estructuras geológicas podrían
facilitar el ascenso de cargas desde la profundidad. El trabajo fue
publicado en Seismological Research Letters y acompañado por un
suplemento con la descripción de los casos.
El estudio representa uno de los intentos más sistemáticos de
encontrar un patrón geológico. Sin embargo, sus datos dependen de
informes históricos de calidad desigual. También existe un problema de
selección: los casos analizados fueron elegidos porque ya estaban
asociados con luces.
La correlación con determinados entornos resulta sugerente, pero
necesita confirmación prospectiva mediante instrumentación desplegada
antes de los sismos.
Del testimonio a la
medición
El principal obstáculo para investigar estas luces es la
imprevisibilidad del acontecimiento. No sabemos con suficiente precisión
dónde y cuándo ocurrirá un gran terremoto, por lo cual resulta difícil
instalar cámaras y sensores exactamente en el sitio correcto.
Los teléfonos inteligentes han aumentado la cantidad de videos, pero
no siempre proporcionan datos científicos completos. Para estudiar una
luminiscencia se necesitarían:
-
hora sincronizada con precisión;
-
ubicación y orientación de la cámara;
-
registro sísmico local;
-
información meteorológica;
-
datos de la red eléctrica;
-
espectro de la luz;
-
mediciones del campo eléctrico y magnético;
-
testimonios independientes desde distintos ángulos.
Una red de cámaras de cielo completo, sensores electromagnéticos y
estaciones sísmicas podría ayudar a distinguir descargas atmosféricas,
transformadores, meteoros y posibles emisiones geológicas.
La diferencia entre una curiosidad y un dato científico reside en la
información que acompaña a la imagen.
¿Pueden predecir
terremotos?
Ésta es la pregunta más importante y la que exige mayor cautela.
Actualmente, las luces de terremoto no constituyen un método
confiable de predicción. No aparecen antes de la mayoría de los sismos,
muchos informes sólo se reconocen después y fenómenos semejantes ocurren
sin actividad sísmica peligrosa.
Una predicción útil debe indicar lugar, intervalo temporal y magnitud
con precisión suficiente para tomar decisiones. Decir que una luz
extraña podría preceder a un terremoto en algún momento no satisface
esos requisitos.
El USGS afirma que ni esa institución ni otros científicos han
logrado predecir un gran terremoto de manera fiable. La ciencia puede
calcular probabilidades a largo plazo y operar sistemas de alerta
temprana, pero estos últimos detectan el sismo cuando ya ha comenzado y
envían avisos antes de que las ondas más destructivas alcancen
determinadas ciudades.
Confundir alerta temprana con predicción genera falsas
expectativas.
Si alguien observa luces inusuales en una región sísmica, debe
documentarlas si puede hacerlo sin riesgo, pero no asumir que dispone de
un oráculo geológico.
Animales,
luces y el deseo de una advertencia
Las luces sísmicas pertenecen a una familia mayor de supuestos
precursores: comportamiento animal extraño, cambios en pozos, emisiones
gaseosas, alteraciones electromagnéticas y síntomas humanos.
Algunos pueden reflejar procesos físicos reales. El problema es su
inconsistencia. Un animal puede alterarse por sonidos, vibraciones,
clima, depredadores o innumerables estímulos. Un pozo puede cambiar por
lluvias o bombeo. Una luz puede ser un transformador o un meteorito.
Después del terremoto, esas anomalías parecen haber estado
señalándolo. Antes del terremoto, se encuentran mezcladas con miles de
variaciones ordinarias.
Nuestro deseo de precursores es comprensible. Un terremoto destruye
sin intención y casi sin aviso. Imaginar que la naturaleza emitió
señales permite pensar que la catástrofe podía haberse anticipado.
El presagio transforma la impotencia en una oportunidad perdida.
La ciencia necesita convertir esa esperanza en medición antes de
convertirla en recomendación.
La Tierra eléctrica
Aunque muchas grabaciones tengan explicaciones ordinarias, la idea de
una Tierra eléctricamente activa no es fantasía. Las rocas sometidas a
presión pueden generar cargas; la fractura produce señales acústicas y
electromagnéticas; los fluidos se desplazan por poros y fallas; la
atmósfera responde a campos eléctricos.
El interior terrestre no es un mecanismo silencioso.
La dificultad consiste en conectar una cadena completa:
-
acumulación de tensión;
-
generación o liberación de carga;
-
transporte hacia la superficie;
-
interacción con el aire;
-
emisión visible;
-
observación verificable.
Cada etapa requiere cantidades de energía, tiempos y condiciones
geológicas compatibles.
Hasta que esa cadena sea demostrada de manera reproducible, las luces
de terremoto permanecerán en una zona fronteriza: demasiado documentadas
para descartarlas todas como imaginación, demasiado heterogéneas para
aceptarlas como fenómeno único plenamente explicado.
El cielo que parece
romperse
Cuando la tierra tiembla, esperamos que el movimiento proceda de
abajo. Si el cielo se ilumina al mismo tiempo, la catástrofe parece
ocupar todas las direcciones. El suelo deja de ser estable y la
atmósfera deja de ser indiferente.
Esa simultaneidad posee una fuerza casi mitológica. Las antiguas
crónicas interpretaron luces y terremotos como señales divinas; la
cultura contemporánea las convierte en “energías” o advertencias
naturales. Cambia el vocabulario, pero permanece la necesidad de
relacionar el resplandor con el acontecimiento.
La posición más rigurosa no consiste en negar todos los informes ni
aceptar cada video. Consiste en clasificar.
Algunas luces son redes eléctricas fallando.
Otras son fenómenos atmosféricos o astronómicos.
Algunas permanecen insuficientemente explicadas.
Y un conjunto todavía incierto podría originarse en procesos
eléctricos asociados con la tensión y fractura de las rocas.
La Tierra quizá produzca luz antes de romperse en determinados
lugares. Pero aún no sabemos leer ese lenguaje con la precisión
necesaria para salvar vidas.
Por ahora, el resplandor sigue siendo testimonio, dato incompleto y
promesa científica: una luz real o aparente que ilumina durante unos
segundos la enorme oscuridad de aquello que todavía desconocemos bajo
nuestros pies.
Glosario
Arco eléctrico: descarga sostenida a través del aire
u otro medio, capaz de producir luz intensa y elevadas temperaturas.
Corona eléctrica: descarga producida cuando un campo
eléctrico ioniza el fluido que rodea a un conductor.
Fractoluminiscencia: emisión de luz asociada con la
fractura de determinados materiales.
Hueco positivo: portador de carga propuesto en
ciertos modelos de física de minerales sometidos a tensión.
Ionización: proceso por el cual átomos o moléculas
ganan o pierden electrones y adquieren carga eléctrica.
Piezoelectricidad: generación de separación de
cargas eléctricas en ciertos materiales cuando son deformados
mecánicamente.
Rift: región donde la corteza terrestre se estira y
fractura, frecuentemente delimitada por fallas.
Bibliografía
seleccionada
-
Derr, John S. “Earthquake Lights: A Review of Observations and
PresentTheories”. Bulletin of the Seismological Society of America
y trabajos posteriores. -
Enomoto, Yuji et al. “Causal Mechanisms of
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Freund, Friedemann T. “Rocks That Crackle and Sparkle and
Glow:Strange Pre-Earthquake Phenomena”. Estudios experimentales sobre
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St-Laurent, France; Derr, John S. y Freund, Friedemann T.
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materiales delEarthquake Hazards Program.


